El plástico corre por nuestras venas

Agustina Mereles Alonso

Un estudio realizado en la Universidad Libre de Ámsterdam constató la presencia de microplásticos en la sangre humana. Si bien la concentración de este material en el torrente sanguíneo es mínimo, aún se investigan los riesgos que trae a la salud.

El plástico está presente en cientos de productos que consumimos en nuestro día a día y en casi todos los rincones del planeta. Incluso lo encontramos en sitios tan inusuales como la Antártida y el estómago de varias especies marinas. Estudios recientes han demostrado la presencia de microplásticos en la sangre humana. El descubrimiento fue realizado por las investigadoras Heather Leslie y Marja Lamoree, de la Universidad Libre de Ámsterdam (Vrije Universiteit), quienes hallaron partículas diminutas en el torrente sanguíneo del 77 % de los participantes de un estudio.

El primer antecedente de plástico en el mundo data del año 1860 y, como sabemos, este material tarda entre 100 y 1000 años en degradarse. Es decir, es posible que aún exista el primer plástico de la historia. Todo el plástico que se ha fabricado hasta ahora todavía sigue con nosotros en algún lugar del planeta, incluso en pequeñas partículas imperceptibles al ojo humano. Las científicas encontraron partículas en 17 de 22 muestras de sangre y detectaron la presencia de cinco polímeros diferentes, los componentes básicos del plástico. También se determinó el grado de presencia de cada uno de los polímeros en la sangre, siendo el tereftalato de polietileno (PET), el polietileno y los polímeros de estireno los tipos de plástico más comunes encontrados en los donantes anónimos. La concentración global de partículas de plástico en la sangre de los 22 donantes ascendía a una media de 1,6 microgramos por mililitro, lo que es comparable a una cucharadita en 1000 litros de agua.

Tomar conciencia es la única solución

«Ahora hemos demostrado que nuestro torrente sanguíneo, nuestro río de la vida por así decirlo, contiene plástico», sentenció Heather Leslie. Esta es la primera investigación que demuestra que las personas absorben microplásticos de su entorno en su vida cotidiana y que las cantidades son medibles en su sangre. La investigadora adelantó que el próximo paso es conocer cuánto tarda o con cuánta facilidad estas partículas pasan del torrente sanguíneo a los tejidos, por ejemplo, en órganos como el cerebro. 

Frente a este panorama es vital reducir la producción y el consumo mundial de plástico para mitigar las consecuencias que se producen en el medio ambiente a causa de este. No obstante, se demostró que aún faltan conocimientos y que es necesario seguir investigando para determinar los riesgos del plástico para la salud.

Fuente: Filo News

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