2 millones de niñas podrían sufrir mutilación genital en los próximos diez años

Agustina Mereles Alonso

Ayer, 6 de febrero, fue el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina. Esta es una práctica no médica que altera o lesiona los genitales femeninos, provocando grandes consecuencias en la vida de las mujeres y niñas. En la actualidad se realiza en cerca de 30 países de África, en Oriente Medio, Asia meridional y algunas comunidades de Latinoamérica.

Mura Arabe (segunda a la derecha) y su familia en Afar, Etiopía. El padre de Mura apoya el abandono de la mutilación genital femenina y ha protegido a sus hijas de esta práctica.
FOTO: Luca Zordan para el Fondo de Población (extraída de de la página oficial de la ONU)

Desde hace miles de años un sinfín de mujeres han sido víctimas de prácticas que violan su integridad física. Si bien en la actualidad muchas de estas prácticas son consideradas un delito, otras permanecen y deben ser erradicadas. En 2012, la Asamblea General de la ONU declaró el 6 de febrero como el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud la define como «la resección parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones (clitoridectomía, escisión e infibulación) de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos».

Las niñas se ven afectadas por este procedimiento desde su nacimiento hasta los 15 años. Para sus comunidades, la práctica es una marca de identidad y pertenencia étnica, pero principalmente se realiza porque les permite entrar a la edad adulta y ser mujeres respetables. La realidad es que esta costumbre causa complicaciones de salud a corto y largo plazo: dolor crónico, infecciones, sangrados, mayor riesgo de transmisión del VIH, ansiedad y depresión, complicaciones durante el parto e infecundidad. El peor escenario posible es la muerte.

Los pueblos que aún realizan la mutilación/ablación genital femenina son cerca de 30 países de África y de Oriente Medio y Asia meridional, así como algunos países asiáticos (India, Indonesia, Iraq y Paquistán) y algunas pequeñas comunidades de Latinoamérica. Asimismo, persiste en las poblaciones emigrantes que viven en Europa Occidental, en Norte América, Australia y Nueva Zelanda. La erradicación de este procedimiento es parte de la agenda 2030 de desarrollo sostenible de la ONU que tiene por objetivo «lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas».

Las consecuencias de la pandemia

La COVID-19 ha afectado de manera negativa a las niñas y mujeres, provocando que la meta de la agenda 2030 de la ONU se vea aún más lejana. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) estima que «debido a las interrupciones en los programas de prevención relacionadas con la pandemia podrían derivar a lo largo del próximo decenio en 2 millones de casos de mutilación genital femenina que, de otro modo, se podrían haber evitado». Es así que el UNFPA Y UNICEF se unieron para crear el Programa Conjunto sobre la Eliminación de la Mutilación Genital Femenina (MGF ) y de esta forma garantizar la integración de la mutilación genital femenina en la respuesta humanitaria, así como la ayuda posterior a las crisis. El Programa ha conseguido grandes avances: más de 3,2 millones de niñas y mujeres han recibido el apoyo de los servicios de protección y atención, y 13 países han establecido marcos jurídicos para abolir la práctica.

Si bien hoy las niñas tienen un tercio menos de probabilidades de sufrir MGF que hace tres décadas, la pandemia parece estar impulsando el aumento de la práctica. Muchas mujeres que en el pasado se dedicaban a realizar este procedimiento se vieron obligadas a retomarlo por las consecuencias económicas de la crisis. Frente a este panorama, la Unión Europea (UE) y la ONU crearon en conjunto el programa Spotlight que capacita a estas mujeres para obtener ingresos de fuentes alternativas, como la agricultura climáticamente inteligente, la fabricación de jabón o la confección a la medida.

Es de vital importancia continuar con estos trabajos en conjunto para evitar que más mujeres sufran la mutilación/ablación genital. Las niñas de los grupos más marginados corren un riesgo aún mayor de sufrirla y de contraer matrimonio infantil. Asimismo, el cierre de escuelas generó y genera mayores oportunidades para que se practique la mutilación genital femenina en el hogar. Esta crisis puso en riego a 11 millones de niñas de no volver nunca a la escuela, lo que a su vez provoca que las futuras generaciones de mujeres apoyen la continuación de la práctica.

Mutilación o ablación, ¿cuál es el término correcto?

Cuando hablamos de esta práctica es importante saber por qué la llamamos como la llamamos. Si bien ambos términos se refieren a lo mismo, hay una importante diferencia entre los términos «mutilación genital femenina» y «ablación genital femenina»: el primero la condena, mientras que el segundo la legitima.

UNICEF y otras organizaciones que trabajan codo a codo con las comunidades para que abandonen esta práctica deciden usar utilizan un término híbrido: «ablación/mutilación genital femenina». Sin embargo, a la hora de generar conciencia mundial sobre esta temática, la palabra elegida desde 1991 es «mutilación» porque, según ONU Mujeres, «refuerza la idea de que esta costumbre es una violación de los derechos humanos de las niñas y las mujeres, y por lo tanto ayuda a promover un movimiento nacional e internacional para su abandono». Por otra parte, en las comunidades en las que practican la MGF normalmente usan el término «ablación», porque resulta más neutro. En algunas ocasiones se utilizan otros términos como escisión, infibulación o «circuncisión femenina».

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