Kai Pacha traduce lo que el monte nativo ruge y necesitamos escuchar

Alina V. Stiefel

Un influencer o influyente es una persona experta en un tema y que, por esa misma razón, cuenta con cierta credibilidad. Por su presencia e influencia en las redes sociales, puede llegar a convertirse en un referente para una marca. Pero Kai Pacha no es una influyente tradicional, es una eco-influencer y la marca que representa es el puma y el monte nativo.

Kai Pacha es los ojos de Estanislao, el puma ciego que nos hace ver nuestro impacto en el monte nativo. Foto de Alexis Magris©

Kai Pacha tiene 52 años y, gracias a su arte en la conservación, aún anda en el mismo Rastrojero que manejaba a los 12 años para acompañar a su papá a cazar las liebres que su abuela luego cocinaba. Cuando finalmente su padre pudo de verdad «ver» la naturaleza, se quitó la cartuchera de cazador y la historia tomó un nuevo rumbo: en vez de cazar, comenzó a cuidar animales y creó la reserva El Edén, en Villa Rumipal, Córdoba. Tiempo después, Kai se sumó a la actividad dándole un giro hacia la educación ambiental y la conservación. En la actualidad, y ya bajo su tutela, la reserva se llama Pumakawa y tiene como misión recuperar la fauna silvestre y restaurar el monte nativo.

Desde la creación de Pumakawa, la importancia de su labor como intérprete de la voz del puma y del monte cobra cada día más fuerza. Hoy Kai Pacha es la referente número uno cuando de pumas se trata. Con más de 37 mil seguidores en Facebook y casi 20 mil en Instagram, el trabajo que realiza ha generado un impacto positivo en la toma de conciencia, la protección y el cuidado de la flora y la fauna del monte cordobés.

Lo que la naturaleza nos pide es que la miremos. Si miráramos la naturaleza, que es un espejo tan grande de lo que somos, todos nuestros hábitos se volverían más amables hacia eso que estamos mirando.

Kai Pacha, Pumakawa.

En entrevista exclusiva con MujeresHoy.news, Kai nos cuenta sobre su labor, los desafíos afrontados y la relación de las mujeres con el ambiente. Lo suyo es un activismo amoroso, plagado de sensibilidad, cuidado y respeto. Busca generar conciencia a través de la sensibilización, la (re)educación y el diálogo constructivo. 

—Contanos qué actividades de ayuda a la flora y fauna local se realizan desde Pumakawa y quiénes son los que mayoritariamente participan de estas actividades.

—Pumakawa se encuentra a 100 kilómetros de Córdoba Capital y está rodeada por varios pueblitos turísticos. Nosotros trabajamos con el turismo que nos visita, enseñándoles nada técnico acerca de los animales y plantas, sino tratando de compartir el alma, la historia, el sentimiento y la lucha por sobrevivir de cada uno. No importa que sepan el nombre científico de los animales o qué comen, importa que vivan un golpe a las emociones. En relación a la zona, en la actualidad estamos trabajando junto con otros viveros en la siembra de tabaquillos, que es una especie endémica de las sierras. En la primavera vamos a subir a las sierras y reforestar con 5000 plantitas; esta actividad se enmarca dentro del proyecto «Sembrando agua». También trabajamos con productores de la zona (y de un poco más lejos también) que tengan problemas con el puma, y tratamos de aplicar técnicas que son exitosas para ahuyentarlo y así evitar su matanza. Buscamos alcanzar una convivencia posible entre la producción y la vida silvestre, porque por el momento hay muy poca tolerancia.

—Kai, hoy sos la voz de lo que la flora y fauna nativa ruge, sos su intérprete porque sabés escucharla y transmitir su pedido. ¿Qué nos está pidiendo a gritos la naturaleza y nosotros no estamos escuchando (y deberíamos)? 

—Puedo nombrar una lista de cosas que la naturaleza nos pide, pero en este momento estoy mirando a través de una ventana el atardecer en las sierras y solo quiero decir que lo que la naturaleza nos pide es que la miremos. Los ojos de los seres humanos son como flechas que apuntan a donde enfocamos y a veces hacemos foco en cosas que son pasajeras. Ponemos la energía en estas cosas que, si bien son necesarias, no son trascendentales. Si nosotros miráramos la naturaleza, que es un espejo tan grande de lo que somos, del momento presente, del estar, del recibir, de lo que crece, de lo que podemos generar, creo que todos nuestros hábitos, toda nuestra vida, se volverían más amables hacia eso que estamos mirando. Tan agradable es este atardecer, que quisiera que siempre esté frente a mis ojos y que no haya una topadora que modifique este relieve que estoy viendo, ni humo en las sierras que me impida ver el horizonte. Esto creo que es lo que esencialmente nos pide la naturaleza.

—¿Cuál es tu mayor preocupación en cuanto a las personas y su relación con el medio ambiente? ¿Qué cosas necesitamos mejorar aún como seres humanos? 

—La mayor preocupación que tengo es la desconexión con el entorno. A nivel social, no nos damos cuenta de lo poco que estamos dejando y de lo mucho que hemos usado (porque seguimos usando mucho y los recursos se van acabando). No me preocupa que se extinga la humanidad, lo que me preocupa es que se está extinguiendo la felicidad y la belleza. El ritmo y condicionamiento de la vida que tenemos nos lleva hacia el apuro y el estrés, hacia el cemento, y no nos damos respiro. Trabajamos sin freno para tomarnos vacaciones en las cuales no descansamos. La naturaleza sería el remedio más eficiente en este momento para la sociedad, porque si respiráramos, si cuidáramos los hábitos amables con la naturaleza, estaríamos más sanos, más contentos, y el mundo sería mucho mucho más lindo. Como seres humanos, creo que debemos mejorar la ubicación que tenemos en el todo, volver a sentirnos parte de ese todo y no dueños. No debemos sentirnos superiores, debemos pedir permiso y no sacar. Y si sacamos, debemos reponer; si sacamos un fruto, debemos sembrar. Debemos agradecer y no aprovecharnos de la naturaleza, no decidir por la vida de otras especies.

—¿Qué cosas has visto cambiar para bien desde tu activismo por la fauna local?

—De un modo optimista, veo que se está instalando otra imagen, otra percepción de lo que es la fauna silvestre, de lo que es el puma, por ejemplo. Antes no se podía hablar del tema, porque «el puma es plaga y es dañino», y ahora existen muchas más voces defendiendo el puma como emblema, como algo muy importante en las culturas originarias, como algo nuestro. Sin embargo, aún cuesta que se conozca y valore el puma por el importante papel que juega en el ecosistema y se lo defienda por eso. Que hoy los productores escuchen propuestas para ahuyentar y no matar, y que se empiece a saber que matar al puma no soluciona el conflicto con el ganado, es para mí un grandísimo avance.

—Si fueras diputada, ¿qué proyecto/s de ley presentarías y por qué?

—Si hoy fuera diputada, crearía una ley que revierta la matanza del puma en Chubut y el pago por cuero en varias provincias de la Patagonia. Presentaría también un proyecto que prohibiera los criaderos de pumas para cacería de trofeos (caza garantizada), que ya no existan los cotos de caza donde cazadores extranjeros pagan para matar a quemarropas a pumas «preparados» (animales maltratados, encerrados en una jaula, anestesiados, con sed y hambre, que se liberan cerca de un cazador cómodamente posicionado listo para disparar). Promovería la reconversión de estos cotos de caza en lugares de safaris fotográficos, lugares turísticos. La pampa y la zona central de Argentina es el mamil mapu (país del monte) de nuestro territorio, perfectamente comparable con algún lugar de África, donde se podría hacer avistaje de distintas especies.

—¿Cuáles fueron algunos de los mayores desafíos que tuviste que enfrentar en tu carrera? ¿Creés que por el hecho de ser mujer esos desafíos fueron mayores?

—Dentro de los desafíos que he encontrado está el económico, porque en Argentina, en Córdoba, en los últimos 25 años, no es el ambiente lo que está como prioridad ni de presupuesto ni de ningún tipo. Otro desafío fue proponer diálogos, porque entre los científicos y el campo a veces hay distancia, entre el gobierno y el campo hay defasajes grandes de tiempo, entre los productores y los conservacionistas también hay disputas. En todos los proyectos en que nos hemos embarcado, ha sido un desafío para mí proponer el diálogo, generar la apertura para conciliar y negociar. He obtenido buenos resultados, pero no ha sido tarea fácil; no es fácil todavía, porque lo primero es la oposición, la intolerancia, la pelea o el escrache. El diálogo es un camino un poquito más lento. 

También ha sido un desafío la rutina, hacer cada día cosas que me desgastan las manos o me hacen doler la espalda. Repetir estas tareas rústicas a veces me ha hecho sentir cansada. Ha sido un desafío reinventar lo aburrido, reinventarme, enamorarme constantemente sin que se me opaque la visión. 

Y como mujer, te puedo decir que he sufrido desautorización, desvalorización… Por ejemplo, si contrataba a alguien para cortar el pasto, no me hacían caso en cómo usar la motoguadaña o en la mezcla de la nafta que se debía usar porque supuestamente yo no sabía, cuando en realidad sé de todas estas herramientas y del trabajo de campo. Me ha pasado que si lo dice un hombre, el hombre sabe, y si lo dice una mujer, no. Pero esto fue años atrás, ya ahora no. No sé si porque los tiempos cambiaron o porque ya, después de 26 años de trabajo en el campo, di pruebas de que sé de estas cosas. 

—La ONU dice que «desde tiempos ancestrales, las mujeres han tenido una relación especial con la naturaleza» y que «su relación con el medio ambiente y su sensibilidad en la gestión de los recursos naturales son un tesoro que aún está por descubrirse». ¿Qué aportes realizamos las mujeres en la defensa y conservación del medio ambiente que veas que sean diferentes? 

—Creo que las mujeres aportamos la capacidad de hacer varias cosas a la vez: podemos estar regando una planta, cuidando un animal, haciendo la comida, lavando la casa y planeando una campaña de concientización, todo a la vez. Me escucho y parece una pavada, pero creo que hay tanto por hacer por el ambiente, que hay que ser un poco orquesta, saber hacer un poco de todo y meterle para adelante; y me parece que a la mujer le es más fácil eso, nos sale más naturalmente. Las mujeres también tenemos más facilidad de darle cabida a la emoción, y la emoción en la conservación es una herramienta vital. Lo que podemos sentir y expresar contagia y tira a las demás personas. Se nos está permitido llorar, aunque nos consideren débiles. Sin embargo, llorar por una nieve inesperada que cae, que te hace alucinar porque todo es maravilloso, nos da la posibilidad de poder transmitir y contagiar la emoción que experimentamos. También, por el hecho de ser mujer, muchas veces nos podemos sentir marginadas, como pasa con el medio ambiente. Y es por eso que nos podemos identificar perfectamente con los que no tienen voz, en este caso, la naturaleza. La empatía hace que una pueda hablar por una vizcacha que se está extinguiendo, una cría de puma cuya mamá mataron, o un árbol que sangra.

—Un mensaje final que nos lleve a una toma de conciencia y mayor responsabilidad frente a nuestros actos.

—Es hora de que lo pequeño, el gesto íntimo cotidiano de la casa, adquiera muchísimo valor, porque creo que allí está la fuerza de la revolución. No podemos cambiar lo que el otro o las autoridades no hagan, pero sí podemos cerrar una canilla, apagar la luz, castrar perros, no sacar una cría de un animal silvestre del monte, no tener animales silvestres como mascotas. Podemos intervenir desde nuestro hacer silencioso y común. Porque las autoridades y los que tienen el poder son unos cientos, pero los cualquiera, los comunes como nosotros, somos millones. Y si los millones nos ponemos de acuerdo en darle valor a los pequeños gestos, haremos la revolución, la revolución de los cualquiera.

Sobre la reserva natural Pumakawa

Pumakawa es una asociación civil sin fines de lucro dedicada a la conservación ambiental y de especies autóctonas de flora y fauna. El vocablo pumakawa significa «el que cuida con sigilo al puma», emblema de la institución. Cuentan con un predio donde desarrollan actividades de conservación, educación, recreación e investigación, en la Ruta Provincial N° 5 km 103 de Villa Rumipal (Córdoba).

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4 comentarios sobre «Kai Pacha traduce lo que el monte nativo ruge y necesitamos escuchar»

  1. Me pone muy feliz que haya gente preocupada y ocupada defendiendo a la flora y fauna y a la naturaleza en general,amo a todos los animales, me encantan las plantas, soy de cerrar canillas,apagar luces y hacer castrar a mis mascotas y promover la castración ,de hecho en mi ciudad hay castraciones gratuitas ,pero igual luchamos con el abandono de mascotas como si fueran cosas ,no puedo ayudar con dinero porque soy jubilada y me es imposible ,pero si voy a trasmitir este reportaje entre mis allegados y en Facebook, muchas gracias por todo

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