Andrea Cordones: «Todos tenemos cicatrices, pero que pueden ser oportunidades para volvernos un agente de transformación»

Karen Zawadzki
Mano a Mano con Andrea Cordones, presidente y fundadora de Mujeres que avanzan.

La periodista, coach ontológico profesional y fundadora de la organización «Mujeres que avanzan», Andrea Cordones, nos cuenta acerca del accidente que le cambió la vida y que fue el puntapié inicial para emprender sus proyectos, el rol de su familia en su carrera y su vocación de ayudar a otras personas desde su experiencia personal.

—¿Cómo comenzó esta iniciativa de ayudar y trabajar por las mujeres?

—Voy a ser muy sincera… y es que nunca me imaginé ser fundadora de una organización ni trabajar de esto. Tenía sueños que tenían que ver con ayudar a muchas personas, pero en un principio no me imaginé trabajar específicamente para mujeres. Todo comenzó con mi propia historia, con esas situaciones que pueden destruirnos por completo o que son una oportunidad para generar en nosotros la tierra donde pueden nacer esas semillas más maravillosas. En mi caso fue así, con un accidente automovilístico que tuve a los ocho años, que generó un antes y un después. Eso fue un disparador para un proceso personal de querer ayudar a otros compartiendo mi experiencia. Ahí fue cuando descubrí en el día a día, incluso trabajando en otras culturas, que todos tenemos cicatrices, pero que pueden ser oportunidades para volvernos un agente de transformación.

—¿Cómo visualizaste en ese momento este proyecto y como lo ves logrado hoy en día?

—Todos tenemos fotos inconscientes donde nos vemos haciendo algo que nos apasiona. Ese accidente fue muy traumático para mí, pero en esos momentos a su vez algo me decía que yo iba a hacer algo importante con mi vida, que iba a ayudar a la gente con lo que a mí me había pasado. Me veía en mi cabeza hablando con muchas personas, por más que en ese momento me encerré en mi cuarto y no quería hablar ni ver a nadie. Todos tenemos un propósito en esta vida, nada es casualidad, y cuando ves que esos puntos se van uniendo, que todo lo que nos pasó nos enseñó
algo, que las decisiones que tomamos van construyendo nuestra vida de alguna manera, todo termina cerrando y explicándose. El gran punto es qué hacemos con lo que nos pasa.

—¿Cómo ves hoy en día el rol de la mujer en el mundo? Tenemos contextos muy disímiles. En Argentina estamos avanzando mucho, y en lugares como Afganistán retrocediendo mucho más.

—No necesitamos irnos hasta Afganistán para ver las injusticias del mundo: en Argentina, si nos distanciamos un poco de los centros urbanos, también se ven cosas terribles. Ves que la realidad cambia completamente, que el acceso a la tecnología es muy desigual, que las mujeres rurales tienen otro estilo de vida… Estamos avanzando mucho, pero nos falta mucho más aún.

—¿Cuáles son las actividades que hacés en la fundación que más te enriquecen?

—Conocer a otras mujeres. Cuando hablamos de networking no es solamente hablar de negocios, ponemos el foco en la vinculación, en escuchar a la otra sin nada a cambio. Me apasiona conocer esas historias que son como la mía o mucho más dolorosas y ver cómo esas personas lograron salir adelante. Todo se abre y todo sucede en nuestros espacios de vinculación. Me interesa lo que les pasa a las mujeres y entre todas ayudarnos, porque si una mujer avanza, avanzamos todas, y avanza el mundo.

—¿Qué papel cumple tu familia en tu vida? Sos una mujer muy empoderada y trabajadora, deben ser un gran cable a tierra.

—Es la prioridad número uno, sin ellos no es posible nada. Mi esposo me ha ayudado desde el primer día, desde la inversión, el tiempo y el acompañamiento. Mi familia es mi principal equipo. Yo podría salvar el mundo, pero si no logro que las mujeres que avanzan primero sean mis hijas, no sirve. Con mi esposo somos muy diferentes, pero nos complementamos muy bien, somos el mejor equipo. Yo siempre se los digo a las mujeres: «Podés llegar a donde quieras, pero si llegás sola, de qué vale. No lo podés disfrutar». Si una mujer avanza, tiene que avanzar su familia también.

—¿Qué le dirías a esa mujer que quiere emprender y no se anima?

—Que si bien hay obstáculos para vencer, hoy estamos en un buen momento para intentarlo. Las mujeres tenemos cosas a favor, más que antes. Hay que vencer nuestros miedos, tus obstáculos internos, animarte a salir. Cuando yo vencí mis miedos, el resto se acomodó solo. Los miedos no se vencen hasta que no se enfrentan. Y otra clave es la paciencia. Entender que los proyectos surgen con una idea, pero requieren su esfuerzo, tiempo y trabajo. Entender que todo es paso a paso y que todo lo que va a ser grande tiene un comienzo pequeño. Normalmente lo que empieza rápido tiene una vida corta. Como cuando se construye una casa: cuando están los cimientos no se ve nada del proyecto, pero son determinantes, son la base sólida para todo lo que llegará después.

Mirá la entrevista completa acá.

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