Yoga por los caminos del vino: dos pasiones y un negocio de proyección internacional

Sole Huespe

Alejandra Navarría es periodista y trabajó durante más de 20 años en el diario Los Andes. También se desempeñó en la fundación ProMendoza. Su carrera era ascendente; sin embargo, un día decidió timonear y cambiar el rumbo de su vida uniendo dos de sus pasiones: el yoga y el vino. Así nació Yoga por los caminos del Vino, un emprendimiento exitoso por su originalidad. Y, contrariamente a lo que muchos pensarían, el emprendimiento busca trascender las fronteras de Mendoza y desembarcar en México, Perú y Uruguay.

yoga por los caminos del vino

«Yoga por los caminos del Vino surge de una manera atípica y bonita, como casi todas las lindas ideas. Yo comencé a hacer yoga hace seis o siete años y me gustó la idea de profundizar, estudiar un profesorado. No porque me imaginaba dando clases, sino porque me interesaba profundizar en los conocimientos», relata Alejandra, quien se decidió a cursar los estudios con la profesora con la que tomaba clases de yoga en ese momento. 

Para poder recibirse de profesora de yoga, tenía que dar clases de práctica y comenzó con un grupo de WhatsApp: «Pertenezco a un grupo de mujeres que nos encontrábamos siempre en eventos alrededor del vino: algunas periodistas, otras vinculadas a restaurantes, muchas de ellas trabajando en turismo o marketing de bodegas o bodegueras. Una mañana mandé un mensaje preguntando si alguna quería poner su bodega así yo practicaba y le daba una clase a la que quisiera sumarse». Esa fue la génesis del proyecto que meses después se transformó en Yoga por los caminos del Vino.

Cuando trabajaba como periodista cubrió muchos eventos alrededor de las bodegas: «Música clásica por los caminos del vino», «Tango por los caminos del vino», «Cine por los caminos del vino», «Golf por los caminos del vino», etc. «Esas actividades siempre me gustaron. Entonces me pareció un muy buen producto unir la posibilidad de hacer yoga en un escenario vitivinícola», concluye. En octubre de 2018, realizó la primera sesión de yoga unida al enoturismo.

Bodega Andeluna

La experiencia del yoga y el vino

Yoga por los Caminos del Vino comenzó como un circuito itinerante de primavera y otoño, donde cada sábado distintos escenarios ofrecían una clase de yoga integral y un brindis compartido, con bocados saludables. Al poco tiempo se sumaron ediciones especiales que aportaron distintos ingredientes y temáticas a los encuentros, como el «Yoga de Luna Llena», «Yoga a Ciegas», «Yoga en Parejas para San Valentín» y el «Sunset Yoga Mendoza vibra en modo Zen», evento con el que se despidió el 2020 en bodega Chandon. 

«Los encuentros proponen una clase de yoga en escenarios vitivinícolas para lograr disminuir tensiones, aliviar la mente, conectarse con el yo interior y sumar bienestar a la vida de las personas. Continúan con un brunch, una tarde de té o un cóctel en los jardines de las bodegas, en un ambiente descontracturado, junto a los más ricos vinos que acompañan el menú after yoga», describe Navarría.

Son experiencias exclusivas, atípicas, pero accesibles, que parten de los $1.800.

Pandemia y reconversión del negocio

El 2020 fue un año muy particular. Debieron reprogramar toda su agenda y reinventar el producto. «No queríamos quedarnos quietos. Vimos la oportunidad de seguir prestando el servicio de forma virtual y, aunque no contábamos con la posibilidad de ir a las bodegas para hacer yoga, ideamos una Gift Card. Muchos cumpleaños se celebraron solo en la intimidad del hogar y enviar regalos a los amigos fue una constante.

Entonces, nuestra propuesta para mantener viva la marca y seguir acercando bienestar fue brindar la clase por Zoom y enviar previamente una botella de espumante rosé de Bressia Wines, una propuesta que fue muy bienvenida», explica. 

Bressia Wines

Hoy, a pesar de las nuevas restricciones por la emergencia sanitaria, continúan  apostando a mantener la oferta de experiencias y a lo largo del otoño e invierno proponen, además, opciones temáticas que incluyen la práctica de yoga con variantes como el yoga a ciegas, yoga en familia, yoga seguido de una clase de cocina en Tunuyán (junto a la chef Graciela Hisa) y yoga al amanecer en la montaña, entre otras actividades. 

(Si querés consultar o reservar, podés hacerlo al correo electrónico: info@yogaporloscaminosdelvino.com.ar)

«La propuesta nació cuando debí realizar las prácticas de un profesorado de yoga y pedí a un grupo de amigas bodegueras que me prestaran alguno de sus lugares para que les diera una clase de yoga».

cuenta Alejandra Navarría

Un negocio que busca trascender Mendoza (y llegar al mundo)

«Ha sido bastante desafiante mantenernos vivos durante esta pandemia», confiesa Navarría. Sin embargo, sigue apostando fuerte a la idea, por la originalidad y el compromiso que le pone. Por eso imagina la posibilidad de trascender las fronteras de Mendoza: «Mi idea es hacerlo en otras provincias vitivinícolas donde tengamos escenarios de viñedos», dice.

«Además he colaborado con un grupo mexicano, entonces estoy esperando la posibilidad de viajar para hacer la experiencia allí, en Uruguay y en Perú también, donde ya tenga avanzadas algunas conversaciones», adelanta.

Perfil emprendedor

Alejandra Navarría reconoce que desde siempre tuvo «el gen» emprendedor. «Desde muy chica siempre tuve inquietudes vinculadas al emprendedorismo. A los 13 años vendía pulseritas de hilo a los hippies, que a su vez las vendían a la gente que daba vueltas por las galerías mendocinas», recuerda entre sonrisas. 

Ya en su época universitaria se recibió de Licenciada en Comunicación Social y comenzó a trabajar en el diario Los Andes, pero en paralelo desarrolló varias actividades por cuenta propia: prensa y comunicación institucional para eventos y lanzamientos de marcas. Actualmente, continúa con ese proyecto. Además se desempeñó durante años en ProMendoza, un ente que promueve la industria local en el mercado nacional e internacional.

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