«Me caracteriza buscar nuevos horizontes y evolucionar»: así es Emiliana Martinez Moreaux, la creadora de Makyguchi

María Emilia Castillo Agustina Mereles Alonso

Emiliana Martinez Moreaux trabajó mucho tiempo en un emprendimiento familiar en Cacheuta, Mendoza. Allí aprendió todo lo necesario para animarse a emprender y formar Makyguchi, una de las pocas empresas de mobiliarios para eventos, cuyo principal distintivo son las sillas Tiffany.

Emiliana Martinez Moreaux tiene 34 años, es mendocina y mamá de Emma y Faustino. Estudió comercialización y trabajó más de una década para un emprendimiento familiar en Cacheuta. Allí dio sus primeros pasos en lo comercial, la organización y el contacto con el cliente. En 2016 asistió a una charla en la que descubrió que en la provincia no había sillas del estilo Tiffany, por lo que decidió atender esa necesidad. «A medida que fui avanzando, adquirí otros elementos. Al comienzo solo fueron sillas blancas y transparentes de resina. En Mendoza había muy poquitas y se usaban para complementar el juego de living, pero no para asistir a una fiesta completa», nos comenta Emi.

Ya han pasado 5 años desde el inicio de Makyguchi y el emprendimiento ha ido creciendo al igual que su creadora. Actualmente tiene capacidad de sillas Tiffany para 500 invitados, además de mesas, livings y banquetas para hacer que cualquier evento tenga una ambientación ideal.

—¿Por qué Makyguchi? ¿Qué significa?

—Makyguchi es el nombre de un maestro budista, yo soy budista practicante desde hace muchos años. Cuando empecé en la búsqueda de algo para hacer, pedí orientación en oración. Un día me llegó la información de que este era el camino. Makyguchi fue el primer presidente de la Soka Gakkai, que es la organización a la que pertenezco. Lo que él planteaba era la creación de una sociedad de valor. Uno no solo tiene que estar para la parte comercial, sino también crear valores en lo que ofrece, tanto al cliente como a la sociedad. Por eso se llama Makyguchi.

—¿El emprendimiento lo empezaste sola?

—Sí. Bueno, sola es una forma de decir. Mi familia me ha apoyado mucho: mi esposo, mis padres, mis suegros. Me ayudan a cuidar a mis hijos. Creo que una nunca está sola del todo, siempre hay gente que te apoya para que puedas crecer.

En 2018 tuve una socia. Mi mejor amiga estaba embarazada, sin trabajo, y siempre habíamos querido hacer algo juntas desde que éramos compañeras de universidad. Ella es una persona súper creativa, entonces nos unimos.

—¿Con cuántas personas trabajás y por qué buscás mujeres para esas tareas?

—Casi todo lo hago yo, pero si no, busco mujeres que necesiten trabajo. Hay una chica que me ayuda a limpiar las sillas, y de lavar los almohadones me encargo yo. Además también trabajo con un fletero, pero quiero conseguir una fletera. Trato de dar oportunidad a las mujeres porque creo que siempre nos cuesta un poco más encontrarlas. También creo que si entre las mujeres no nos ayudamos, no hay salida. Busco gente que quiera trabajar, pero también busco ayudarlas no solo con lo económico, sino brindando información, acercándole cosas que necesite, en definitiva, estando al servicio de ellas para que realmente puedan desarrollarse.

La pandemia, un momento para reinventarse

La pandemia de COVID-19 afectó fuertemente a quienes viven de los eventos. «Al principio estaba re contenta porque estaba en mi casa con mis hijos, pero no me duró ni una semana», recuerda Emiliana. Si bien Makyguchi estaba parado por la imposibilidad de realizar encuentros masivos, el alma emprendedora no la abandonó y le abrió los ojos hacia un nuevo camino y encarar otros proyectos «bastante ambiciosos», como ella los define. «Me di cuenta de que el cambio inesperado de la pandemia nos arrastró, no estábamos preparados. Hay una gran necesidad de aprender, de adaptarse a los cambios inesperados para que no te arrastren. Me puse a pensar de qué manera se podía hacer eso y la respuesta fue la planificación. Encontré otras personas que también están trabajando en esto y me uní a ellos. Básicamente consiste en cómo la persona puede desarrollar su capacidad de adaptación constantemente y lograr empoderarse. Además, este proyecto incluye un libro, del cual participo en su preparación», cuenta emocionada.

Un hito en su carrera: La Peatonal del Vino

Emiliana siempre se imaginó ambientando espacios creativos y para grandes eventos. En 2018 tuvo la oportunidad de poner su mobiliario en la Peatonal del Vino de Mendoza, un evento que reúne a miles de personas por año. En 2019 la volvieron a convocar por su proactividad, y le propusieron trabajar como artista en la ambientación de la peatonal. «Fue un trabajo mucho más lindo e intenso. A nivel personal es lo que más me ha gustado hacer: ver cien mil personas disfrutando y hablando de lo bonito que está todo, fue muy satisfactorio», reflexiona Emi.

Escucha la entrevista completa en nuetsro podcast!

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