Emprender con un pincel y una pared en blanco: la historia de Belén Marcuzzi

Sole Huespe

Es arquitecta, pero crea y transforma espacios desde el arte. Es una de las muralistas más reconocidas de Córdoba y se ganó su lugar a fuerza de talento (¡claro!), pero también entendiendo que la pintura es mucho más que inspiración: es constancia, planificación y sustento. Y, sobre todo, considerando que se trata de un emprendimiento unipersonal.

Su jornada laboral comienza a las ocho de la mañana y termina a las cinco de la tarde. Nada de esperar que la inspiración llegue. «Pablo Picasso decía: “Que la creatividad siempre te encuentre trabajando”. Yo coincido con ese concepto, la inspiración llega cuando estás creando», asegura Belén Marcuzzi, una joven arquitecta reconocida por sus murales y el arte escenográfico. «Mi propósito es darle a los clientes, a través del uso del color, distintas sensaciones. Crear atmósferas, esa sería la definición».

Una vocación nacida en la infancia

«Siempre pinté, desde chiquita. A los cuatro años iba a clases de artes plásticas con una tía y amaba la libertad que nos daba para hacer lo que nos plazca en cada clase. Recuerdo que siempre dibujaba perfiles de ciudades, pero lo que más recuerdo de ese tiempo era el placer de sentirme libre», comienza.

Belén tuvo dos grandes maestras cuando niña, que marcaron su camino: su tía y su abuela, ambas artistas. «Mi abuela me enseñaba cómo pintar el cielo, cómo pintar una montaña, los detalles de la cara de un animal», describe.

Unos años después, incursionó en talleres de pintura, pero de allí no se llevó una buena experiencia. «Tuve una docente que estaba empeñada en que pintara una virgen y no era lo que yo quería. Yo le decía que quería hacer manchas, tiras y usar muchos colores, pero ella no estaba de acuerdo. Así que me enojé y no volví más. Ahí empecé una etapa de mucha confusión, sabía que me gustaba el arte y pintar, pero creía que la pintura era el arte figurativo, ¡y no!», cuenta.

Y como en una película, pintaba sin darse cuenta. «Usaba las paredes de mi habitación como lienzos. Lo hacía a escondidas de mi madre. Recuerdo que en un momento nos mudamos con mi familia a una casa hermosa, todo era nuevo. Cuando llegué, pinté todas las paredes de mi pieza, siempre tuve la necesidad de llegar a un lugar y ponerle color. Para ese entonces mi mamá ya no me decía nada», evoca Belén.

Su etapa de estudiante universitaria

Terminó la escuela y eligió una carrera, como muchos adolescentes hacen. Se inclinó por la arquitectura. «Mientras la cursaba, me tomaba los veranos para pintar cuadros que luego vendía o dejaba para mí. Al finalizar la carrera, me fui de viaje a Brasil, terminé de estudiar allá, y allá ví mucho interiorismo que acá no veía. Me encantó. Me di cuenta de que me gustaba mucho eso y el diseño de locales comerciales, también». 

La pasión estaba intacta y en el camino surgían otros intereses, siempre ligados. Marcuzzi viajó mucho y visitó cuanto museo de arte se le cruzaba: «Las pinturas me atraían mucho y me denotaban distintas emociones. Ahí me di cuenta de que me gustaba también entender a otros artistas», asegura. Como profesional recién recibida, trabajó en diferentes estudios de arquitectura, pero la vocación pudo más. «De la nada me lancé sola con el arte, también incursioné en las acuarelas. Y cuando empecé con el diseño de locales comerciales, conocí a unas muralistas, hice un workshop con ellas y desde el momento que puse un pincel en la pared, me enamoré y ya no pude dejarlo. Empecé haciéndole un mural a una amiga y después seguí con otro y otro más…»

El muralismo como sustento (y estilo) de vida

Hoy, Belén se dedica casi con exclusividad a los murales, aunque está comenzando a incursionar en el diseño escenográfico, área que también la apasiona y convoca. «No deja de ser interiorismo, porque es diseño interior, pero es más artístico porque puedo jugar más con los colores y las formas», dice.

«El estilo se encuentra con los años después de mucho trabajo. Creo que el estilo más noble es el auténtico, el que te sale solo. Si tuviera que definir el mío, para los murales me gusta el estilo botánico, siempre hago muchas flores y plantas. Y más personalmente, para los cuadros, soy un poco surrealista y expresionista. Pero esa es una faceta que todavía no la estoy mostrando mucho porque la sigo estudiando y es muy íntima y profunda por ahora. Pero ya va a salir todo a la luz», concluye.

Hoy vive gracias a su trabajo artístico. Hace cursos de mindfulness (conciencia plena) y de productividad para no perder el foco. 


De las redes al mundo

Belén Marcuzzi es cordobesa, pero sus obras tienen reconocimiento nacional. Los canales de comunicación con su público son fundamentales. «Instagram es la red en la que más energía pongo. Para mí tienen mucha potencia las redes, es un lugar donde uno puede mostrarse gratis y llegar a cualquier parte del mundo. Mi consejo es mostrarse, no tener miedo, y mostrarse auténtico», sintetiza. También tiene una tienda en su página web y el boca en boca, que para la artista es fundamental. 

Además, como parte de ese darse a conocer, Belén planea a futuro poder hacer un gran mural en la ciudad de Córdoba para dejarlo como legado. «Es un regalo que apenas pueda, voy a hacerle a Córdoba».


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7 comentarios sobre «Emprender con un pincel y una pared en blanco: la historia de Belén Marcuzzi»

  1. Talento + trabajo una combinación que no puede fallar y todo eso sumado a la armoniosa combinación entre paz y alegria que transmiten sus obras hacen que ya trascienda las fronteras de la provincia de Cordoba. En Rosario se ganó un fan! Muchos exitos

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