Ley Johanna: «Parimos hijos muertos, parimos la voz»

Agustina Mereles Alonso

Una de las realidades más duras que enfrentan las mujeres y personas gestantes es que nazcan muertos los hijos deseados. La muerte perinatal sucede y es más común de lo que se cree, pero aún es un tema tabú. Hablamos con Johanna Piferrer, una de las principales promotoras de un proyecto del ley que busca visibilizar y erradicar la violencia con la que estas situaciones son tratadas en la actualidad.

«La realidad es que hay mujeres que parimos hijos e hijas muertos». Así comienza su relato Johanna Piferrer, una mujer de 40 años que tras perder a su hijo a las 33 semanas de gestación sacó fuerzas «de no sé dónde» para visibilizar una problemática de la que poco se habla: la muerte perinatal y la violencia obstétrica que sufren las mujeres y personas gestantes que pasan por esa situación.

La etapa perinatal es aquella que se comprende entre la semana 22 de embarazo y la primera semana de nacido. En Argentina, según la última edición de la síntesis estadística de Natalidad y Mortalidad 2018 editada en junio de 2020, la tasa de mortalidad perinatal es de 11,3 por cada 1000 nacimientos. En el marco de lo legal, el artículo 74 del Código Civil Argentino considera a los niños que nacen sin vida como si no hubiesen existido. Esta afirmación es contraria a la percepción de las madres y padres, quienes desde el momento en que toman conocimiento de la muerte de su hijo o hija deseado comienzan a atravesar un duelo.

Nunca más partos invisibles

«Procedimientos médicos asistenciales para la atención de la mujer y la persona gestante frente a la muerte perinatal» es el nombre que recibe el proyecto de ley iniciado en 2017 por la ex diputada Magdalena Sierra y que al día de hoy es llevado por la diputada Mónica Macha. En octubre de 2021, se logró por primera vez que el proyecto se trate en las comisiones correspondientes, logrando obtener dictámenes unánimes y favorables en todas ellas. El proyecto de ley inició su camino en la cámara de diputados, pero la oposición no dio quorum para llevarla al recinto antes del 10 de diciembre, por lo que este año debe pasar nuevamente por las tres comisiones o ser tratado «sobre tablas» y así avanzar directamente hacia diputados.

Lo que se propone en esta ley es capacitar al personal de salud sobre la muerte perinatal, cómo tratarla y acompañar a quienes pasan por esa situación. También establece que la persona gestante tiene derecho a estar informada y decidir sobre las distintas opciones y tratamientos, a ser acompañada por quien desee, a decidir si ver o no a su hija o hijo, a ser internada en un área distinta al de maternidad, a recibir información sobre la lactancia y a poder asignar un nombre a su hijo o hija en el certificado de defunción, entre otros.

Disertación de Johanna Piferrer en la Cámara de Diputados de la Nación el 25 de octubre de 2021.

Detrás de esta búsqueda de ampliación de derechos hay una historia de dolor y abandono por parte del sistema de salud y el Estado. En octubre del 2014, Johanna Piferrer cursaba la semana 33 de gestación de un hijo deseado, a quien nombró Ciro. En un monitoreo de rutina no escucharon los latidos. Desde ese momento comenzó para ella un camino tortuoso. «Yo les pedí una cesárea porque no estaba en condiciones físicas ni psicológicas de parir a Ciro muerto. Siempre entendiendo y habiéndoles preguntado si mi vida no corría ningún riesgo. En ese momento ellos me responden que yo dejaba de ser una urgencia y que me iban a hacer la cesárea recién al otro día», relata Johanna a Mujeres Hoy News. Diez fueron las horas que debió cargar en su vientre a su hijo muerto mientras estaba internada en el área de maternidad escuchando el llanto de otros bebés recién nacidos, cuando su contexto era totalmente distinto. «Les pedí que por favor me cambiaran de habitación, lo cual hicieron medio día antes de que me den el alta», recuerda.

Gracias a que una amiga abogada logró comunicarse con el director del hospital, el obstetra (quien se se había ido de vacaciones y la dejó con las obstetras de guardia) volvió esa misma noche a realizarle la cesárea. «Todas las decisiones que fui tomando dentro de la institución se dieron a través de luchas y gracias a personas que me escuchaban y salían a luchar por mí», asegura Johanna.

Posterior a la operación, volvieron a llevarla al área de maternidad donde su cuerpo comenzó a transitar el puerperio. A mitad de la madrugada empezó a lactar y, sin saber qué hacer, preguntó a las enfermeras, quienes solo le dijeron que debía apretarse los pechos. Luego la medicaron para inhibir la lactancia y la vendaron con fuerza. El acompañamiento psicológico frente a la situación que estaba viviendo fue prácticamente nulo y revictimizante. «Pedí acompañamiento psicológico y vinieron dos personas distintas en dos momentos distintos donde yo tuve que relatar todo de nuevo. Pude percibir silencio de esos profesionales. Ahí me di cuenta de que no tuvieron las herramientas para poder contenerme y ayudarme a tomar decisiones que claramente después iban a repercutir en mi reconstrucción y mi duelo».

Debido al artículo del Código Civil mencionado más arriba, Ciro era un NN. A Johanna le dieron un certificado de defunción fetal a su nombre y le entregaron a su hijo dentro de una caja azul de archivo. «Tuve el privilegio de cremarlo y encontrar una cochería que retirara un cuerpo NN, porque si no su tumba era sin nombre. Luego me dieron el alta y estaba en mi casa con un hijo deseado cremado adentro de una urna, sin saber qué hacer, con un puerperio visible y con un parto totalmente invisibilizado».

En noviembre de ese año, Johanna decide escribir al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la nación. Recién en febrero del 2015 se contactan con ella y la convocan a una reunión. Su denuncia pasa del ministerio a la Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género (Consavig), una mesa interdisciplinaria con otros organismos de salud y antidiscriminación. Finalmente, el defensor del pueblo de la nación dicta la primera resolución de 11 hojas sobre la violencia obstétrica frente a la muerte perinatal y exhorta a la institución a cambiar sus prácticas, a capacitar a sus profesionales y a asignar un área fuera de la maternidad para mujeres y personas gestantes que atraviesan esa situación. «La clínica dijo a todo que sí y habilitó la habitación 512, cuando yo estuve internada en la 511. Entendí de nuevo la no escucha, la minimización y la revictimización», cuenta. Habiendo agotado todas las instancias, decidió iniciar un juicio por daños y perjuicios a la institución. Esta demanda es la primera sobre esta problemática y podría ser el primer fallo a nivel nacional en sentar precedente sobre la misma. De manera paralela comenzó a redactar, junto a otras mujeres, los puntos del mencionado proyecto de ley.

Duelos sanos para transformar el dolor

«Bueno, ya vas a tener otro», «No llegaste a llevártelo a tu casa», «Menos mal que fue ahora y no después», fueron algunas de las frases que Johanna Piferrer, al igual que muchas mujeres que pasan por lo mismo, tuvo que oír mientras enfrentaba uno de los dolores más grandes de su vida. «Lo que le pedimos al Estado es que nos garantice duelos sanos y partos libres de violencia en cualquier situación que la persona gestante se encuentre», exige. En 2017 tomó relevancia un posteo de ella en Instagram en el que hablaba sobre lo que les sucede a las personas que paren hijos muertos. A raíz de esa publicación, recibió muchos comentarios y mensajes en los que se repetía sistemáticamente la vulneración de derechos y la violencia. Desde ese momento, y con mucha responsabilidad, comenzó, junto a otras mujeres, a formar redes de contención. «Parimos hijos muertos, parimos la voz para contrarrestar esa situación tan dolorosa», declara Johanna con emoción en su voz. «Es un dolor que nos va a acompañar toda la vida, pero nosotras podemos volver a reconstruirnos. Para eso necesitamos duelos sanos», finaliza.

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