Fontana di Trevi, una fuente de película

Alina V. Stiefel

Cada año, la ciudad de Roma, en Italia, es escenario de decenas de películas y, en varias de ellas, la emblemática Fontana di Trevi no solo es telón de fondo sino protagonista principal debido a su escenográfica monumentalidad.

Foto: La Fontana di Trevi, con su estilo barroco, es la más grande de las fuentes en Roma, con cerca de 40 metros de frente y 26 de alto.

Seguramente recordarán aquella inmortal escena de La dolce vita (1960), del director Federico Fellini, en la que vemos a Sylvia (Anita Ekberg) ingresar a esta famosa fuente conocida como Trevi, por situarse en la conjunción de «tre vie» (tres vías o calles). Sylvia, junto a la estrepitosa caída de agua entre rocas talladas, insta a un tímido Marcello (Marcello Mastroianni) a darse un baño nocturno junto a ella. Marcello accede y así nace una de las escenas más románticas del cine en blanco y negro.

Foto: Escena de La dolce vita (1960), de Federico Fellini, protagonizada por Anita Ekberg y Marcello Mastroianni.

En la comedia dramática Elsa y Fred (2005), de coproducción argentina-española y dirigida por Marcos Carnevale, Elsa (China Zorrilla) se zambulle en la fuente imitando a Anita Ekberg. De fondo, la Fontana di Trevi se alza imponente sobre la fachada del Palacio Poli y, mientras esta pareja de ancianos enamorados irrumpe en el manantial, la dominante escultura del titán Océano los vigila con recelo al tiempo que cabalga las aguas sobre su carroza en forma de concha tirada por caballos alados. Y similar a los sentimientos de amor que los personajes Elsa y Fred experimentan a pesar de su avanzada edad, estos caballos nos hablan de las dos facetas del mar: la calma y la agitación. Observando con detenimiento, se puede apreciar que el caballo de la izquierda ofrece resistencia al tritón que lo conduce, mientras que el de la derecha está calmo y permite al mensajero de las profundidades marinas hacer sonar su caracola para abrir paso a la divinidad fluvial. Este maravilloso escenario, ideado por Bernini y Salvi, recibe el nombre de «Domando las aguas del Océano», cortina ideal para dos viejitos enamorados que están «domando sus sentimientos».

Foto: Escena de Elsa y Fred (2005), dirigida por Marcos Carnevale y protagonizada por China Zorrilla y Manuel Alexandre.

¿Nos zambullimos también? La idea suena tentadora, por sobre todo en esos calurosos días de verano en la città eterna; no obstante, la tentación se esfuma al llegar a la fuente, que no solo se encuentra custodiada por Océano, sino también por la policía municipal, que si te pilla poniendo siquiera un pie en sus aguas, te sancionará con una multa que va desde los 160 € a los 450 €, según lo establece una ordenanza municipal que busca garantizar el cuidado del patrimonio histórico, artístico y arqueológico de Roma Capital.Dentro de lo establecido en esta ordenanza, tampoco puedes sentarte en el borde de la fuente, ni botar alimentos ni líquidos dentro de ella. Pero lo que sí puedes hacer es lanzar a la fuente cuantas monedas quieras. ¿Sabías que antiguamente se arrojaban monedas a los manantiales para agradecer a la divinidad acuática por algún favor obtenido? Sin embargo, este ritual ancestral se ha desvirtuado con el devenir de los años y el aporte de películas y mitos populares. La costumbre de tirar tres monedas en la Fontana di Trevi nació de la película Tres monedas en la fuente (1954), de Jean Negulesco, donde unas mujeres estadounidenses en busca del amor se aproximan a la fuente y lanzan monedas a sus aguas: una para regresar a Roma, dos para encontrar el amor y tres para casarse. Hoy en día, miles de turistas se acercan cada año para arrojarlas de espaldas a la fuente, con la mano derecha por encima del hombro izquierdo, y así garantizar el retorno a la ciudad del César.

Foto: Escena de Tres monedas en la fuente (1954), dirigida por Jean Negulesco.

La fuente nos ha hecho enamorar, suspirar, llorar, pero también reír. En la comedia italiana Totòtruffa 62 (1961), del director Camillo Mastrocinque, el personaje Totò, fingiendo ser el legítimo propietario de la fuente, vende a un ingenuo y confiado turista esta maravilla arquitectónica comisionada por el papa Clemente X en 1732 al escultor Nicolas Salvi, creador del diseño, y finalizada en 1762 por Giuseppe Pannini. En el film, el naive turista da a Totò una cuantiosa suma de dinero a modo de caparra o anticipo. La fuente, obviamente, no estuvo ni está a la venta, pero si de dinero se trata, un gran porcentaje de las monedas que periódicamente se recogen de su lecho van destinadas a obras benéficas, como brindar ayuda a ancianos, personas que padecen SIDA, albergues, refugios para madres solas y niños, comedores sociales y a muchas otras obras de caridad y proyectos sociales. Trevi es un manantial de deseos que, gracias a las monedas que allí se lanzan a diario, convierte en realidad los deseos de los menos afortunados.

Foto: Escena de Totòtruffa 62 (1961), del director Camillo Mastrocinque.

La magia del cine ha sacado a la luz este tesoro tan difícil de encontrar en el laberinto de apretadas callejuelas romanas y ha hecho de ella una visita obligada para todo aquel que marque Roma como lugar de destino turístico.

¿Querés viajar un ratito a Roma, conocer la Fontana di Trevi y fantasear tu propia película? Ingresá aquí para ver la fontana en tiempo real, tomá asiento en las escalinatas circundantes y dejate sorprender por el maravilloso espectáculo que ofrece, tanto de día como de noche, esta fuente de película.

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