Ellas hicieron patria: Rosa Guerra, la primera dramaturga publicada

Redacción MujeresHoy

Invisibilizadas por el relato histórico oficial y patriarcal, las mujeres también lucharon por sus ideas y propuestas, bregando por una patria más justa e igualitaria. Conocé a Rosa Guerra.

Aristocráticas, campesinas, indígenas, artistas, periodistas, entre tantas otras, dejaron una huella imborrable en la historia argentina, con ideas y hechos, pero que de forma deliberada no aparecieron en los relatos de la historiografía oficial. Más tarde que temprano, sabemos que estas mujeres fueron un pilar en la configuración de la Argentina naciente, no detrás de los grandes hombres de la época, sino como protagonistas con propia voz.

Aquellas mujeres participaron en el día a día de la construcción histórica del país; muchas desde el lugar privado al que estaban relegadas: el doméstico. Llevaban adelante, con los pocos recursos que contaban y en un contexto de guerras continuas en la región, las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. En muchos casos fueron las madres de los futuros dirigentes de la nación, en otros casos lograron ocupar un espacio en el ámbito público que solo estaba reservado para los hombres. María Guadalupe Cuenca, Encarnación Ezcurra, Rosa Guerra, Mariquita Sánchez, Remedios de Escalada, Petrona Rosende de Sierra, entre muchas otras, dejaron diferentes documentos, cartas y otros textos que hoy proponen una perspectiva distinta de la historiografía oficial.

Con el tiempo, el abordaje de estos documentos echaron por tierra los prejuicios contra ellas. Eran mujeres que pensaban y reflexionaba sobre el presente y futuro de su tierra, de la historia, de la política y el poder. Fueron ellas precisamente quienes apoyaron y lucharon por la educación femenina, su representación y visibilización en la agenda de la época, entre otras cuestiones fundamentales.

Rosa Guerra, la primera dramaturga publicada

Otra de las mujeres que tomó la pluma como recurso para alzar la voz fue Rosa Guerra. Escritora y periodista, fue la primera dramaturga publicada, con su obra Clemencia. Fiel a sus convicciones feministas y lucha por los derechos de la mujer, no dudó en escribir una novela que desafiaba todos los estándares de la época: Lucía Miranda, editada en 1860, cuenta la historia de amor entre una dama española y un cacique indígena. Nunca contrajo matrimonio y murió a los 34 años.

Libertad para nuestro sexo, libertad únicamente limitada por la razón por la equidad. Los hombres pretenden enajenar para sí solos la libertad; es decir, quieren ser exclusivamente libres y empiezan por no saber ser justos. (La Camelia, 1852).

Rosa Guerra

Antes de eso, profesó la enseñanza y dirigió el colegio privado que regenteaba Ana Bevans, en el barrio de Belgrano. Su militancia también se hizo pública con la impresión de su propio periódico: La Camelia, nacido el 11 de abril de 1852, hasta el 20 de junio del mismo año, con la salida de 31 números. Fue un bisemanario publicado por la imprenta Republicana luego de la caída de Juan Manuel de Rosas. Además de sus escritos, contaba con la colaboración anónima de varias mujeres, bajo el eslogan «Libertad! No licencia; igualdad entre ambos sexos». Sus propuestas bregaban por la igualdad social y emancipación femenina, con un tono discursivo combativo, destinado a resistir las doctrinas de secularización social vigentes.

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