Día Mundial del libro: 5 escritoras latinoamericanas que hicieron historia

Agustina Mereles Alonso

El 23 de abril se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor en conmemoración por los fallecimientos de William Shakespeare, Miguel de Cervantes e Inca Garcilaso de la Vega. En esta fecha especial también recordamos a grandes escritoras latinoamericanas que merecen toda nuestra admiración por ser pioneras en un mundo donde la escritura «era cosa de hombres».

William Shakespeare, Miguel de Cervantes e Inca Garcilaso de la Vega, tres de los más famosos y reconocidos escritores de la historia, murieron un 23 de abril de 1616 (sí, el mismo día y el mismo año). Es por esta coincidencia que desde 1995 la UNESCO declaró esta fecha como el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor. Si bien sus obras son admirables, desde Mujeres Hoy News queremos homenajear en su día a aquellas mujeres latinoamericanas que siguieron su pasión por la escritura mientras rompían barreras y mandatos sociales, allanando el camino para futuras generaciones.

A lo largo de la historia, muchas escritoras se vieron obligadas a escribir a escondidas de sus padres y/o maridos, otras tuvieron que publicar sus obras bajo nombres masculinos o el nombre de sus esposos, y solo algunas pocas (y muy rebeldes) firmaban con su verdadero nombre. Si bien en la época en que vivieron estas mujeres la palabra «feminismo» aún no era muy conocida, en varios de sus textos podemos encontrar críticas a la sociedad machista y patriarcal, a los roles impuestos a la mujer, al tabú de la sexualidad y el sexo, entre otras temáticas.

Respecto de este largo camino recorrido por las mujeres, la escritora argentina Leila Guerrero dijo hace algunos años al diario El País que: «si la presencia de mujeres en la literatura de nuestros países es mayor a la de hace algunos años, no se debe a una moda, ni a que las editoriales tienen que cumplir con determinado cupo femenino como consecuencia de la corrección política que nuestro siglo ha erigido como el único dios ante el que hay que prosternarse, sino a que, como en todos los demás ámbitos, esas mujeres pueden ejercer su vocación sin pedir permiso ni disculpas y, sobre todo, a que están escribiendo (como sus colegas varones, sin que eso le llame la atención a nadie) buenos libros». Algunas de las mujeres latinoamericanas que forjaron estos caminos de libertad de expresión fueron:

Sor Juana Inés de la Cruz

«¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga: la que peca por la paga, o el que paga por pecar?» escribía esta monja mexicana hacia fines del siglo XVI sobre la prostitución. Sor Juana Inés de la Cruz nació el 12 de noviembre de 1648 en Nepantla de Sor Juana Inés de la Cruz, México. Desde pequeña cultivó su amor por la lectura, lo que en su adolescencia la llevó a intentar convencer a su madre de que la enviase a la Universidad disfrazada de hombre. A finales de 1666 llamó la atención del padre Núñez de Miranda, quien al saber que la joven no deseaba casarse, le propuso ingresar a la Orden de San Jerónimo, donde se le permitía estudiar, escribir, celebrar tertulias y recibir visitas.

Entre sus obras encontramos una gran variedad de obras teatrales («Los empeños de una casa» y «Amor es más laberinto»), auto sacramentales, poesía, villancicos y el tocotín, que es una especie de derivación de ese género, pero que intercala pasajes en lenguas originarias. También escribió un tratado de música llamado «El caracol», que jamás fue hallado. Sus textos tocaban temáticas como la comedia inteligente, el amor verdadero, la integridad del valor y la virtud, los cuales se ven reflejados en su poema «Amor es más laberinto». También se destaca el tratamiento de la mujer como personaje fuerte, siendo el poema «Redondillas» la máxima expresión de esta temática. Sor Juana Inés de la Cruz falleció el 17 de abril de 1695 a causa de una epidemia.

Lectura recomendada: «Redondillas»

Gabriela Mistral

 «Por una venturanza que me sobrepasa, soy en este momento la voz directa de los poetas de mi raza y la indirecta de las muy nobles lenguas española y portuguesa. Ambas se alegran de haber sido invitadas al convivio de la vida nórdica, toda ella asistida por su folklore y su poesía milenarias», dijo Gabriela Mistral en su discurso de aceptación del premio Nobel de literatura en 1945. Ella fue la primera mujer iberoamericana y la segunda de Latinoamérica en recibir el galardón.

Gabriela Mistral es el seudónimo de Lucila Godoy Alcayaga, nacida en Vicuña, Chile, el 7 de abril de 1889. En su juventud se desempeñó como maestra rural y se convirtió en una de las más importantes pensadoras respecto al rol de la educación pública. En 1904 aparecen sus primeros escritos en «El Coquimbo», «Penumbras de La Serena» y «La Voz de Elqui de Vicuña». En 1914 ganó el Premio Nacional de Poesía de Chile con su obra «Sonetos de la muerte». En la segunda década del siglo XIX participó de la reforma del sistema educacional mexicano junto a José Vasconcelos y se desempeñó como cónsul y representante en organismos internacionales en América y Europa, lo que la llevó a tener una vida itinerante.

Sus poemas tratan temáticas como la pasión, la muerte, los celos y la fe. De hecho, en «Desolación», una de sus obras más famosas, interpela varias veces a Dios. Otras de sus obras más conocidas son «Tala» (1938) y «Lagar» (1954). Su obra está traducida a más de 20 idiomas. Gabriela Mistral falleció en Nueva York, Estados Unidos, el 10 de enero de 1957.

Lectura recomendada: «Desolación»

Alfonsina Storni

Nacida en Suiza en 1892 y criada en Santa Fe, Argentina, la escritora Alfonsina Storni es una de las más reconocidas del país. En su juventud trabajó como moza en el café de su padre, hasta que consiguió trabajo como actriz. Más adelante también ejerció como maestra, etapa en la que comenzó a escribir sus poesías y algunas obras de teatro.

Su prosa tiene una gran carga feminista y, según la crítica, posee una originalidad que cambió el sentido de las letras de Latinoamérica. Una de las temáticas de su poesía era el erotismo, pero abordado de manera más abstracta y reflexiva. Además, en su obra podemos reconocer las emociones que fue atravesando a lo largo de su vida a causa del cáncer de mama y el dolor y desmotivación que la llevaron a quitarse la vida en 1938, en Mar del Plata.

Alfonsina fue madre soltera de Alejandro, por lo que recibió reiteradas críticas respecto de su situación civil. Además tenía ideas avanzadas para la época, como considerar al suicidio como una elección concedida por el libre albedrío. Así lo expresa en un poema dedicado a su amigo y amante, el también suicidado escritor Horacio Quiroga: «Morir como tú, Horacio, en tus cabales, y así como siempre en tus cuentos, no está mal; un rayo a tiempo y se acabó la feria… Allá dirán».

Lectura recomendada: «Tú me quieres blanca»

Rosario Castellanos

Esta escritora nació el 25 de mayo de 1925 en Ciudad de México, pero vivió gran parte de su vida en la región de Chiapas. Allí fue criada por su nana, debido a que sus padres preferían a su hermano, quien falleció a la edad de 7 años. Fue ella quien la acercó a la realidad indígena, que luego sería una parte fundamental de sus literatura. En 1950 se graduó como maestra en filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México, en la que más tarde sería profesora. También dio clases en la Universidad de Wisconsin, en la Universidad Estatal de Colorado y en la Universidad de Indiana. Entre otras cosas. Se desempeñó como promotora cultural en el Instituto de Ciencias y Artes de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, y dirigió el Teatro Guiñol del Centro Coordinador Tzeltal-Tzotzil, auspiciado por el Instituto Nacional Indigenista.

De su vida personal sabemos que estuvo casada durante 13 años con el filósofo Ricardo Guerra Tejada, con quien tuvo un hijo. Tras finalizar su matrimonio, se puede observar una extensa parte de su obra a la defensa de los derechos de las mujeres, labor por la que es recordada como uno de los símbolos del feminismo latinoamericano. En su ensayo «Sobre cultura femenina» escribe la siguiente frase: «El mundo que para mí está cerrado tiene un nombre: se llama cultura. Sus habitantes son todos ellos del sexo masculino. Ellos se llaman a sí mismos hombres y humanidad a su facultad de residir en el mundo de la cultura y de aclimatarse en él». Falleció en Tel Aviv, Israel, a la edad de 49 años mientras cumplía su rol de Embajadora de México en el mencionado país.

Lectura recomendada: «Balún Canan»

Victoria Ocampo

Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo, más conocida como Victoria Ocampo, es una reconocida escritora, ensayista, editora e intelectual argentina. Nació en Buenos Aires el 7 de abril de 1890 en el ceno de una familia aristocrática. Su primera obra publicada fue «De Francesca a Beatrice» en 1924 gracias a la edición de la Revista de Occidente y a la ayuda de José Ortega y Gasset. Desde muy joven Victoria participó de las primeras manifestaciones de los movimientos feministas, intelectuales y antifascistas argentinos, lo que en 1934 la llevó a fundar la Unión Argentina de Mujeres.

Otra de sus grandes fundaciones fue la de la revista y editorial Sur, que promovió obras de reconocidos escritores como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Alejandra Pizarnik, entre muchos. Desde 1958 a 1973, fue presidenta del Fondo Nacional de las Artes, y también recibió numerosos reconocimientos en todo el mundo. En 1977, se convirtió en la primera mujer elegida miembro de la Academia Argentina de Letras.

Dentro de su literatura, la autoreferencia y datos biográficos tienen mucha presencia. Por otro lado, también le da importancia al destino por sobre el carácter humano. Esto se debe a su creencia de que el destino connota fatalidad: «Cada ser lleva dentro de sí la misma escena, el mismo drama desde que nace a la conciencia y por todo el resto de su vida; y representa su escena, su drama, cualesquiera que sean los acontecimientos o los personajes que le salgan al paso hasta dar con su acontecimiento, su personaje».

Lectura recomendada: «Envejecer»

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