Amar los lunes es amar la vida

Tati Bregi

Una mirada amorosa y rebelde sobre el hacer con sentido y desde el amor propio.

Este es un diálogo entre vos y yo. Y lo que sigue es una conversación entre nosotras, que se transforma en una mirada del mundo HOY. Se está dando entre vos, que te conozco, porque sos mi espejo, y yo, que llegué a temer que finalizara el fin de semana, porque debía volver a mi rutina. Y se da porque ambas tenemos el mismo anhelo: hacer con sentido, desde la paz, y para contribuir al progreso del mundo.

Y fiel a mi estilo, te desafío, en este diálogo imaginario entre nosotras, a repensarte. 

Esta vez, hablemos de tu relación con tu área profesional.

Vamos juntas.

Aprendí que no somos lo que hacemos. Ni vos, ni yo, ni ninguno de los que día a día se levantan a trabajar.

Porque eso nos contaron: que el trabajo o nuestro hacer de todos los días es nuestro vehículo para ser. Que nuestros resultados se miden en horas, esfuerzos y caras largas. Que según el nombre del día de la semana, así será la emoción que me acompañe. 

Cuando tu trabajo te da trabajo, ahí hay solo resistencia, tironeo, deber ser y migajas de quien realmente sos. 

Y si estuvieras acá conmigo, quizá me dirías: 

¿Y qué le decís entonces a aquellos que proclaman que el trabajo dignifica, nos da alimento, un techo e, incluso si nos va bien, nos muestra los placeres de la vida?

Y como estás acá conmigo, te respondo, desde mi humilde lugar, que hay una posibilidad de revisar nuestras creencias, siempre. Crecí pensando lo mismo. Que mi dignidad dependía de un resultado externo. ¡Qué desprecio a mi existencia no saberme digna, libre, abundante y capaz por el solo hecho de SER!

Llegué a temer la llegada de los lunes. Ese día significaba volver al esfuerzo de hacer para lograr, para perseguir metas que nunca había cuestionado, pero que había aprendido a necesitar; de llegar a ciertos resultados, y no frenar a disfrutarlos, porque ya estaba haciendo para el próximo; de hacer desde el ego, para complacer una sed de éxito que aspiraba tener, mirando vidas ajenas. 

En ese entonces mi vida se medía en horas, semanas y meses de falsa productividad; porque hacía y hacía, y siempre me faltaba algo más. A ese estado, algunas personas lo llaman exigencia. Otras, ansiedad. Hay quien se anima a la expresión «vivir en la carrera de la rata». Sí, todas esas. Y más aún. Me di cuenta de que la raíz de dicha manera de estar en la vida es haber olvidado quiénes somos y qué hemos venido a hacer.

—OK, Tati. También me di cuenta de que soy una oveja del sistema creado en otro siglo. ¿Cómo tendría que hacer para avanzar hacia el futuro?

Antes de que me sigas preguntando, te quiero aclarar algo: una pregunta que empieza con la palabra «cómo» rara vez te guiará a respuestas poderosas y profundas. 

—¡Sí que sos rara, che! Intento de nuevo. ¿Cuál es el típico pensamiento que nos lleva a creer que nuestra tarea, profesión u ocupación nos define y debemos priorizarla?

Nos creemos con la capacidad de dividirnos y entonces, unas horas trabajo, otras soy mamá, luego esposa, hija, amiga y, a veces, solo si queda tiempo, soy una persona que también anhela el «ocio». 

MENTIRA. (O por lo menos esa manera de ver la vida, ya no es mi verdad/realidad.)

Buscamos balance intentando unir supuestos polos opuestos: lo laboral con lo personal. 

Peeero… Somos todo eso (y más), y todo al mismo tiempo. Porque siempre, y en cada respiración, somos mente, alma y cuerpo. La ilusión de dividirnos es solo para complicarnos. Yo no dejo de ser mamá cuando estoy en una reunión de negocios. No lo niego, no lo separo, lo integro. Ya no lucho con eso, porque sería luchar contra quien soy. Es cierto, genero momentos de foco y concentración. Pruebo todo tipo de metodologías de productividad y acción asertiva, pero tengo claro que esa metodología solo me será útil si coincide con lo que deseo de la vida. Si está alineada con mis valores y anhelos,  entonces, tomo de ella lo que me aporta, y cocreo una nueva que, encima, me dura lo que dura la situación que generó la necesidad de seguirla. 

—¿Estás diciendo que ese balance no se puede lograr?

Digo que en mi realidad, en mi mirada de la vida (que por favor incluso te invito a cuestionar) no hay un deseo de balance, porque eso significaría que estoy asumiéndome dividida. Y solo los roles o las etiquetas dividen. El SER integra.

Es que el cambio es constante y la evolución es un estado que abrazo y celebro. Y en esa evolución hay métodos, entornos, formas, recetas, consejos y rutinas que deberían ir creciendo, e incluso cambiando conmigo.

—¿Y el mundo más allá de tus narices? ¿Qué hacemos quienes nos sentimos desbordadas, desencajadas, agotadas o frustradas? 

Es que hay tantos mundos como personas somos. Es cierto, somos parte de un sistema, pero eso no significa ni que estemos de acuerdo, ni que no podamos aportar para que este cambie. Lo que pasa es que esa manera de pensar la realidad te invita a ser protagonista despierta de la vida que deseás.

Creo en otra manera de hacer. Y más que creerlo, lo estoy viviendo. Hay un mundo donde los negocios y las organizaciones son vehículos para nuestra expansión integral. En ese mundo, cada una sabe que es cocreadora de su realidad. Conoce la diferencia entre trabajar desde la presión y la ansiedad, o desde el entusiasmo y la ambición. Los resultados nos inspiran e invitan a hacer desde la excelencia, pero ya sabemos que lo logramos con cada paso que damos. Porque los resultados ya no son un objetivo futuro, sino un hacer en presencia, y un paso a la vez. 

En ese mundo no hay roles o etiquetas que nos distingan. Nos sabemos diversos, y ese es un valor y un aporte, y no un límite.

Allí conviven el que sabe con el que aprende, que casualmente somos todos, según la circunstancia. Y somos tribu. Y cuando una avanza, todas lo hacemos. Y si una se detiene, el resto sale a contenerla.

Celebramos las pausas conscientes, porque aprendimos a frenar para reflexionar, aclarar, y, solo desde allí, seguir. 

Nos mueve la acción consciente, esa que emana del corazón. 

Y como sabemos que también trabajamos y tenemos un negocio para generar riqueza, es que la abundancia es cómplice en nuestro hacer.

—¿No te sentís sola a veces en este camino? 

Nunca estamos solas. Tenemos una aliada.

Porque ese hacer con sentido que fomento tiene una aliada a la que estamos unidas para SER

A esa aliada le llamo ALMA

Y es ella la que enseña a hacer desde el propósito, el amor y la contribución. La que te enseña a vivir desde la presencia.

Porque desde esa presencia consciente, intervengo en la causa que generará dichos efectos. Desde esa presencia consciente, diseño un camino donde prime el foco y la excelencia en el paso a paso, y no solo en el destino. Desde esa presencia soy y hago quizá desde el entusiasmo, la dicha y el amor, dejando de lado el miedo, la frustración o la ansiedad. Y desde esa presencia sé que soy parte de un todo más grande que yo misma, porque mi propósito es evolucionar como persona y contribuir para un otro. 

Y entonces…

Cuando me di cuenta de que yo era la misma en todas y cada una de las áreas de mi vida, pude abrazar los lunes. Y entonces, elegí comenzar a levantarme no porque era lunes y tenía que trabajar. Era lunes y yo quería creSER. 

—Gracias, me quedo reflexionando. 

Gracias a vos, que me preguntaste y me leíste hasta acá.

Tati Bregi 

#AmarLosLunesEsAmarTuVida

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